miércoles, 21 de enero de 2015

Pensabas en sus hijos, en el hijo de ella, el hijo tuyo,
los hijos de los vecinos,
incluso en ustedes que también son hijos de alguien.
¿Qué clase de padres tendrían?
¿Cuanto abarcaría el escudo protector de éstos?
¿Dónde estarían los agujeros de ese escudo?
Cuando niña cada vez que me caía o incluso si me pegaba
buscaba con los ojos a mi madre,
en una suerte de reflejo radareaba rápidamente el lugar
hasta encontrarla con la vista,
su presencia era como una estrella guía, un faro,
un punto de referencia,
y entonces la vida podía seguir.
Daba lo mismo si miraba de vuelta, pero estaba ahí y eso bastaba.
No sé cuando es que uno, o yo, deja de buscar entre el paisaje
algo familiar donde apoyarse.
Un día dejas de mirarla, y no es que dejes de caerte
te caes tantas, pero tantas, veces más,
pero empiezas a caerte distinto, miras tus rodillas luego del golpe,
a veces se rompen o se pelan, otras veces no
te limpias y te paras
vista al frente, vista al suelo por si se te cayó algo de la cartera o la mochila
y sigues caminando.
Ya no buscas ninguna cruz del sur* en el cielo de la calle,
quizás ésta se movió a tus rodillas  y a tus manos,
si siguen en la misma posición entonces todo el resto puede seguir,
y de hecho sigue.





*que estrella polar ni que nada!

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