los televisores antiguos botados en la calle me producen cierta fascinación.
Anteayer había otro en Catedral, hace unos años encontré el primero en Santa Isabel (con Raulí)
y cada tanto se me aparecen como monedas de 500.
Todo respecto a ellos me resulta estéticamente sabroso,
el que alguien se haya liberado (temporalmente) de la tele,
el deterioro del viejo aparato tan 3D de forma y tan analogo de corazón
(un brutal contraste a las aspiraciones 2D de los aparatos digitales de hoy).
La calle, tierra de borrachos, drogadictos melancolicos y estudiantes ,
tierra de muebles y electrodomésticos abandonados,
la calle y el televisor gordito, la cajita obsoleta tirada
tan fuera de sitio y no.
aaah y de noche! la noche siempre aparando gatos negros
sin importar de qué especie...
y yo justo sin cámara, sólo con un pañuelo pa'la cueca
y sobria pa'más remate
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